La tarde caía lentamente sobre la Villa Fort, tiñendo los ventanales de suaves tonos dorados. Catalina bajaba las escaleras con paso firme, vestida con sencillez pero con esa elegancia natural que no necesitaba esfuerzo. Había decidido salir a despejarse, quizá caminar un poco, quizá perderse en el jardín solo para no ver a Axel por unas horas. Después del incidente en la habitación.
Pero justo al llegar al último escalón, lo vio.
Axel estaba ahí, de pie frente a la mesa del recibidor, con el