El sonido del disparo aún parecía vibrar en las paredes del despacho cuando la puerta se abrió de golpe.
—¡Señor Fort!
La voz del asistente fue la primera en romper el silencio petrificado. Detrás de él, dos miembros de seguridad y una secretaria irrumpieron casi al mismo tiempo. La escena los dejó inmóviles por una fracción de segundo: Axel Fort en el suelo, apoyado de costado, la mano presionando su abdomen; el rostro pálido, los labios apretados, los ojos abiertos pero ausentes por un instan