Barcelona los recibió con un viento fresco que anunciaba la madrugada. Las luces de la ciudad brillaban como pequeñas constelaciones repartidas por las calles mientras el vehículo avanzaba con calma entre avenidas silenciosas. Catalina observaba el paisaje apenas consciente, luchando contra el cansancio que se había acumulado durante todo el día.
El viaje en avión había sido corto, pero su cuerpo todavía estaba débil. La menstruación, el estrés, el cansancio emocional… todo parecía pesar sobre sus hombros.
Axel iba a su lado, con el rostro perfectamente neutro, mirando por la ventana como si estuviese calculando mentalmente sus próximos movimientos. No había hablado desde que despegaron de Madrid; Catalina tampoco había intentado iniciar conversación. ¿Qué le diría? Tampoco cree que Axel quisiera hablar con ella.
El auto tomó una calle más estrecha y moderna. Edificios altos, fachadas elegantes y balcones que miraban al mar distante. Finalmente, el chófer detuvo el vehículo frente a u