Barcelona los recibió con un viento fresco que anunciaba la madrugada. Las luces de la ciudad brillaban como pequeñas constelaciones repartidas por las calles mientras el vehículo avanzaba con calma entre avenidas silenciosas. Catalina observaba el paisaje apenas consciente, luchando contra el cansancio que se había acumulado durante todo el día.
El viaje en avión había sido corto, pero su cuerpo todavía estaba débil. La menstruación, el estrés, el cansancio emocional… todo parecía pesar sobre