Aurora retrocedió un paso, apretando con fuerza el arma descargada, negándose a soltarla aún sabiendo que no le serviría de nada. Antonio ladeó la cabeza, su mirada oscura recorriéndola con una mezcla de burla y posesividad.
—Te ves preciosa cuando tienes miedo —murmuró, su voz ronca y venenosa.
Antes de que Aurora pudiera decir algo, antes siquiera de que pudiera pensar en escapar, Antonio levantó su mano con brutalidad y le cruzó el rostro con un golpe seco y violento.
El impacto fue brutal.