Antonio sonrió cínicamente mientras contemplaba la escena frente a él. El destello de una decisión peligrosa cruzó sus ojos. Con un movimiento lento y calculado, sacó su propia arma, apuntándole directamente al pecho de Francesco.
Aurora sintió que el corazón se le detenía. Dio un paso hacia adelante, levantando las manos en un gesto desesperado.
—¡Basta, Antonio! —gritó, su voz quebrada por el miedo y la desesperación.
Antonio ladeó la cabeza, como si considerara sus palabras, y le dedicó una