Dante caminó con pasos pesados hacia su biblioteca, con la mandíbula tensa y los pensamientos ardiendo en su mente. Apenas cruzó la puerta, cerró la puerta de un fuerte golpe, haciendo temblar todo a su alrededor.
La furia latía en su pecho, pero en lugar de desatarla, se dirigió al mueble de licor, tomó una botella de whisky y sirvió un enorme trago en un vaso de cristal. Con la mirada perdida en el líquido ámbar, lo giró lentamente entre sus dedos antes de llevárselo a los labios, buscando e