Dante miró a Fiorella. Su presencia lo atrapaba, como si el aire se volviera denso y solo ella pudiera ofrecerle oxígeno. Se permitió una sonrisa, un gesto apenas perceptible que pronto se transformó en un impulso incontrolable. No podía esperar más. Ella estaba desnuda, expuesta ante sus ojos, ofreciéndose como cena de navidad.
Dante la tomó de los brazos con firmeza y la atrajo hacia él. Sus labios se encontraron en un beso desesperado, una fusión de anhelo y necesidad. Fiorella sonrió gustos