Dante llegó a la mansión de Alonzo en medio de la noche, con el ceño fruncido y una expresión sombría. Afuera, la lluvia golpeaba el suelo con fuerza, como si la tormenta reflejara su estado de ánimo.
Apenas cruzó la puerta principal, uno de sus hombres de confianza se acercó con cautela.
—Señor, su esposa ha intentado escapar nuevamente —informó con voz temblorosa, Dante suspiró con evidente molestia, pasándose una mano por el rostro antes de avanzar con paso firme hacia la habitación donde