Una hora después, la casa estaba envuelta en un murmullo de pasos rápidos y maletas cerrándose. Vittorio bajó con un abrigo oscuro, cargando una pistola en su cinturón. Fiorella apareció poco después, con el vestido aún puesto, pero cubierta con un abrigo largo de lana. Su rostro estaba frío como el mármol.
—¿Estás segura de que quieres venir? —preguntó él mientras salían.
—¿Estás seguro de que puedes detenerme? —fue todo lo que ella dijo.
Vittorio no insistió.
El trayecto hacia el aeropuerto f