Aurora dejó salir una lágrima al ver cómo Antonio subía cada vez sus manos por sus muslos, quería llorar, huir, quería acabar con el hombre en frente de ella.
Mientras tanto, afuera comenzaba a llover como si fuera un diluvio universal.
La lluvia comenzaba a caer con más fuerza sobre los ventanales de la mansión, como si el cielo presintiera el caos que estaba a punto de desatarse en su interior.
El administrador del club lucio llegó empapado, con la camisa pegada al cuerpo y la respiración ag