Dante conducía con las manos firmes sobre el volante, por primera vez en mucho tiempo Dante sentía paz y tranquilidad. A su lado, Héctor el hombre que iba con él revisaba el cargador de su pistola, silencioso pero atento a cada movimiento. El motor rugía con fuerza, cortando el viento de la noche.
Dante miró por el espejo retrovisor. Cuatro camionetas negras aparecieron en la distancia, acercándose rápido. La tensión le recorrió la espalda como un latigazo, su paz y tranquilidad se veía arruina