El suave chasquido de la puerta al cerrarse pareció marcar un antes y un después. Aurora permaneció sentada al borde de la cama, el vestido de tela blanca aún adherido a su piel por el sudor del miedo. Tomó la pastilla en su mano con un movimiento rápido y casi imperceptible. Luego la escondió bajo la sábana, como si escondiera un pedazo de su dignidad.
Dio dos pasos hacia el ventanal. El aire de la noche no entraba, pero la oscuridad del exterior se filtraba como un espejo invertido. Su reflej