Dante observó el infierno que había dejado atrás. Apretó los dientes. Sabía que esa casa ardería en llamas. Que los recuerdos ahí jamás volverían. Pero lo más importante era que ella estaba viva.
Y ahora sí… podía llevársela a casa.
A salvo.
Una vez más Dante la abrazo con fuerza, con desesperación, como si temiera que al soltarla volviera a perderla. El eco de los disparos aún resonaba en las paredes, pero en su mundo sólo existía Aurora entre sus brazos. Sin embargo, de pronto su cuerpo se te