Fiorella salió de la casa con paso firme, los tacones resonando contra el pavimento mientras apretaba con fuerza las llaves del auto. Estaba furiosa. No podía creer que, después de tanto buscar a Dante, Aurora se lo negara y, él simplemente desapareciera sin dejar rastro.
Subió al auto y cerró la puerta de un golpe, descargando parte de su frustración. Encendió el motor con brusquedad y, antes de arrancar, marcó el número de su hermano Vittorio.
—¿Qué quieres, Fiorella?, ¿Acaso tú adorado Dant