Dante sonreía mientras se acercaba a Aurora, su mirada llena de intención, por hacerla suya por completo.
—Esa noche, tú vas a ser mía —dijo Dante en voz baja y seductora. Pero Aurora no se intimidó. En lugar de eso, lo insultó con una serie de palabras duras, miró hacia un lado y vio otra lámpara la tomó en sus manos y lo miró fijamente a los ojos
—Si no sales de mi habitación, te la pondré en la cabeza como la noche anterior —amenazó Aurora, su voz temblando de rabia.
Dante se rió, pero