Dante dirigió una mirada intensa a Alonzo y, con un leve movimiento de cabeza, le hizo una seña que solo su amigo comprendió. Alonzo asintió discretamente, preparándose para cualquier eventualidad.
Volviendo su atención a Vittorio, Dante inhaló profundamente antes de hablar:
—No lo sabía, sin embargo, la próxima vez que quieras saludar a mi mujer, abstente de besarla —admitió Dante, con voz controlada.
Vittorio esbozó una sonrisa amplia y despreocupada.
—¿Todavía vives en el siglo pasado, Dante