Dante abrió los ojos lentamente, sintiendo el peso ligero y cálido de Aurora sobre su pecho. Su respiración era tranquila, pausada, y su rostro reflejaba una paz absoluta.
Con una sonrisa, deslizó su mano con suavidad por su espalda desnuda, acariciando su piel con movimientos lentos y delicados.
Aurora suspiró en sueños ante el contacto, y Dante no pudo evitar que su sonrisa se ampliara. Con cuidado, se movió hasta quedar encima de ella, apoyándose en sus brazos para no aplastarla. Inclinó el