Vittorio caminaba de un lado a otro, sus pasos resonaban en la habitación en penumbra. Tomó una copa de coñac y la llevó a sus labios, sintiendo el sabor burbujeante deslizarse por su garganta. Aún podía recordar el dulce aroma a vainilla que desprendía el cabello de Aurora, una fragancia que se impregnaba en su memoria y que despertaba en él un deseo incontrolable. Sin darse cuenta, Vittorio había vaciado toda la botella.
Su mandíbula se tensó al sentir la respuesta de su propio cuerpo ante el