El viento soplaba con fuerza aquella tarde en Bolonia, como si la ciudad entera presintiera el caos que estaba a punto de desatarse dentro de la mansión. Pero no era un caos de sangre ni de balas como los que Dante solía enfrentar, sino uno completamente diferente: Aurora estaba por dar a luz.
—¿Dónde está el maldito doctor? —rugió Dante desde el pasillo, con la camisa abierta, la pistola aún en la cintura y el rostro más pálido de lo habitual.
—Llegará en cinco minutos, jefe, ya viene de camin