Dante se puso de pie con brusquedad, el corazón golpeándole el pecho como si intentara romperle las costillas desde dentro. La habitación estaba impregnada del perfume de los libros viejos y del leve rastro de lo que acababa de suceder entre esas paredes, aunque solo fuese un beso para Aurora había sido una desilusión grande.
Dante buscó su camisa con movimientos torpes, acelerados, desesperados. La encontró arrugada sobre una silla, y sin preocuparse por aislarla, la tomó con violencia y come