Siento que no soy yo, que todo el enojo que sentí de un momento a otro, fue el que almacené cada vez que era maltratada pero no podía decir algo al respecto. Porque por mucho que quisiera defenderme, nadie respaldaría a una empleada de medio tiempo que no tenía el respaldo de alguien más.
Justo como ahora sucede cuando en mi hombro caen gotas de sangre de la herida que Maximiliano acaba de realizarme sin algún tipo de remordimiento o culpa.
— ¿Te has calmado o debo dispararte de nuevo? — pregun