86. Palabras que Sanan
Las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas antes de que pudiera detenerlas, cada una llevando consigo el peso de cuatro días de pánico, búsqueda desesperada y ahora este momento devastador de encontrar a Max tan completamente roto. No eran lágrimas de alivio por haberlo encontrado, sino de dolor puro al ver lo que se había hecho a sí mismo.

—Max, nunca habría querido verte así —las palabras salieron entrecortadas entre sollozos que no podía controlar—. Hace tiempo que olvidé mi venganza. S
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