63. Entre Cadenas Invisibles
El último beso fue diferente.
No fue furia ni pasión descontrolada. Fue despedida—lenta, dolorosa, final. Sus labios se movían sobre los míos con una tristeza que me partió en pedazos. Como si estuviera memorizando cada detalle para cuando ya no pudiera volver a hacerlo.
Y yo lo dejé.
Porque sabía que también era mi adiós.
Cuando nos separamos, mantuvimos la frente pegada un momento más, nuestras respiraciones mezclándose en el espacio estrecho entre nosotros. Podía sentir el temblor en sus mano