62. El Filo de lo Prohibido
Regresé a la mansión con el cuerpo exhausto. Había pasado dos días en el hospital—dos días viendo a mi padre luchar por su vida, dos días sintiendo cómo todo lo que creía saber se desmoronaba.
La noche caía sobre los ventanales enormes y yo me sentía como una actriz obligada a salir a escena en una obra que detestaba.
El vestíbulo me recibió con un silencio que antes confundía con elegancia y que ahora no era más que una tumba disfrazada de mármol italiano y lámparas de cristal.
—Señora Lorena.