60. El Inicio de lo Inevitable
Miré a Max y por un momento vi al hombre que me abrazó cuando una llamada me derrumbó con malas noticias. Al que me juró que nunca me dejaría. Esas promesas rotas seguían clavadas en mi memoria como astillas, manteniéndome atrapada entre querer huir de él y rendirme a la seguridad traidora que aún me provocaba.
La contradicción me desgarraba por dentro. Había días en los que lograba convencerme de que ya no sentía nada por él, que era solo costumbre o codependencia. Pero bastaba una mirada—esa i