59. Finales Suspendidos
Me desperté antes de que sonara la alarma. Eran apenas las seis y media de la mañana, pero el sueño me había abandonado horas atrás, mi cuerpo lo sabía con certeza primitiva: hoy no era un día cualquiera.
Hoy iba a firmar mi divorcio con Max.
La palabra seguía sonándome ajena. Yo había sido quien lo pidió, quien empujó hasta este punto de no retorno. Pero también fui la que lloró hasta quedarse vacía, la que suplicó ser escuchada, la que gritó por un cambio que nunca llegó. Y lo que más dolía no