27. Secretos en la Ciudad de la Luz
La suite del hotel era elegante, minimalista, con ventanales enormes que enmarcaban la Torre Eiffel como postal perfecta. Pero la belleza de la vista no podía distraerme de lo que acababa de pasar.
Me dejé caer en la cama, aún sintiendo el fantasma de las manos de Max sobre mi piel. El olor de su perfume impregnado en mi ropa.
"Idiota. Idiota. Idiota."
Me levanté bruscamente y me dirigí a la ducha. Agua caliente, casi hirviendo, intentando lavar la confusión. Pero el agua no podía borrar el hech