19. El Juego Público
La mañana llegó con un silencio incómodo que parecía llenar cada rincón de la mansión.
Bajé al comedor arrastrando el peso de otra noche sin dormir bien. El email de Isabela seguía grabado en mi mente como una marca de fuego.
Isabela ya estaba sentada en la mesa, tomando té con miel. Se veía... perfecta. Demasiado perfecta para alguien que supuestamente había tenido complicaciones en su embarazo.
—Buenos días. —Su sonrisa era cálida, íntima—. ¿Dormiste bien?
Me senté manteniendo distancia, obser