157. El Primer Aliento y el Último Suspiro
Despertar de la anestesia es como subir a la superficie desde el fondo de un océano de melaza.
Todo es borroso, lento y pesado. Mis párpados pesan toneladas. Mi boca sabe a metal.
Lo primero que siento es dolor.
Un ardor agudo y constante en el bajo vientre, donde me cortaron para sacar a mi hija. Pero inmediatamente después del dolor, llega la memoria.
El agua rompiéndose. El miedo. Diego.
Abro los ojos de golpe. La luz de la habitación de recuperación me lastima.
—¡Max! —intento gritar, pero s