129. Confesiones Dolorosas
El silencio de mi teléfono es más ruidoso que cualquier grito. Ha pasado una semana. Siete días desde que Camila encontró a Diego y a mí con caras de culpables. Siete días desde que la mentira de mi hermano se rompió en pedazos. Mi mejor amiga, la mujer que me llama tres veces al día solo para contarme qué almorzó, ha desaparecido.
Estoy en el sofá. Mi vientre de casi dieciséis semanas ya es una curva innegable bajo la manta. El bebé se mueve, pequeñas burbujas de vida que contrastan con la sens