128. Fantasmas del Pasado de Diego
Estoy en el sofá —mi trono de hierro forrado de terciopelo y culpa— con una manta pesada sobre las piernas. Tengo un libro abierto en el regazo, la página 142. Llevo cuarenta minutos leyéndola y no podría decir ni una sola frase de lo que está escrito.
Dos semanas fuera del hospital. Catorce semanas de embarazo. Mi cuerpo se está curando; el hematoma se reduce, el útero se expande. Pero mi mente es un animal acorralado que huele el humo antes de ver el fuego. No puedo dejar de pensar en Diego.
N