127. Regreso a Casa
La luz del mediodía me golpea como un bofetada física. Después de dos semanas de neones clínicos y persianas cerradas, el sol de Madrid parece un enemigo.
Max conduce el Audi como si transportara una bomba nuclear sin desactivar. Toma las curvas a diez kilómetros por hora. Evita los baches con una precisión obsesiva. Sus manos aferran el volante con tanta fuerza que los nudillos se le han puesto blancos, como hueso expuesto.
—Si vas más lento, nos van a multar por obstrucción del tráfico —bromeo