126. La Conversación Pendiente
El monitor fetal es un metrónomo implacable. Afuera, el pasillo del hospital duerme. Adentro, el aire está cargado de palabras no dichas.
Observo a Max. Duerme en esa silla reclinable de vinilo, con el cuerpo doblado en un ángulo imposible que le cobrará factura mañana. Su portátil sigue abierto en el regazo, iluminando su barbilla con una luz azul fantasmal. Tiene una mano extendida hacia mi cama, aferrando la sábana cerca de mi cadera, como si incluso en sueños necesitara asegurarse de que no