118. Revelaciones Importantes
El teléfono suena a las nueve en punto. Precisión militar. Es Max.
Me incorporo en la cama. Mi cuerpo se siente pesado, como si hubiera corrido una maratón mientras dormía. Contesto con voz rasposa.
—¿Lorena? —Su voz suena tensa—. ¿Cómo te sientes?
—Cansada —admito, frotándome los ojos—. Pero mejor que anoche. Ya no me da vueltas la habitación.
—¿Mareos? ¿Náuseas?
Puedo escuchar el miedo en su tono. Max no está preguntando por cortesía; está haciendo un triaje médico a distancia.
—Nada nuevo —mi