117. Despertar
MAX
El mundo se congela. Es como si alguien hubiera apagado el sonido de Madrid. Veo a Lorena balancearse. Veo cómo sus ojos, esos ojos inteligentes y feroces que tanto amo, se ponen en blanco. El pánico me atraviesa el pecho como una bala. No es metafórico. Es físico. Me olvido de Victoria. Me olvido de mi decepción, de su crueldad, de su presencia tóxica. Me olvido de todo.
—¡Lorena!
Mi cuerpo reacciona antes que mi cerebro. Me lanzo hacia adelante. Mis brazos la atrapan justo antes de que su