99. Tres Meses Después
Tres meses. Noventa y dos días exactos desde que el martillo del juez selló mi libertad de Isabela, Alejandro y Santiago.
Y hoy, sin saberlo, todo iba a cambiar otra vez.
El sol de enero convertía mi apartamento en un caleidoscopio dorado. Cada rayo que atravesaba estas ventanas de piso a techo—ventanas que elegí deliberadamente porque eran lo opuesto a los fríos mármoles de la mansión Undurraga—me recordaba que esta vida era mía.
Solo mía.
¿Por qué entonces sentía como si algo estuviera a punto