Nicolás abrió el mensaje de Carla y se levantó alarmado del asiento de la oficina.
-¿Todo bien señor?- preguntó uno de sus hombres.
-Si- respondió mirando aún el celular- Pero debo volver a casa temprano. ¿Pueden cerrarlo ustedes sin mí?
-Claro señor- dijo otro de ellos.
Nicolás asintió confiando en su palabra.
Desde el secuestro, de esto ya más de un mes, el joven mafioso había bajado sus humos, ya no trataba mal a sus empleados, no les gritaba ni los amenazaba de muerte, había entendido qu