-No me importa…hazme el amor, ya…no puedo más.
Nicolás nunca se había sentido tan nervioso en su vida como en ese momento en el que su mujer le pedía debajo de él que le hiciera el amor.
No podía negarse, los ojos marrones y entrecerrados, la respiración agitada, sus hermosos pechos y su cabello revuelto, lo estaban matando.
Tomó de ambos lados de la ropa interior de Carla y comenzó a deslizarla suavemente hacia abajo, ella colaboró levantando sus largas y delgadas piernas para facilitarle la