Nicolás retomó la ruta, dejando las luces rojas y azules de las sirenas atrás en el horizonte, haciéndose más y más pequeñas hasta desaparecer.
La ruta estaba oscura, no había iluminación, solamente los faroles del vehículo. Esta vez no manejaba él, su mejor hombre había insistido en conducir ya que había visto a su jefe bastante alterado como para hacerlo y temía que se estrellen antes de poder recuperar a su mujer y a su hijo.
-Déjeme hacerlo a mí, señor- dijo con seguridad en su voz- Confíe