Antes de comenzar la última prueba, se concedió un breve tiempo de descanso. El aire estaba cargado de tensión, de presagios y de silencios que decían más que cualquier palabra.
En una de las salas de piedra del recinto, Isabella, Mike y el Alfa Hiran aguardaban.
El sol, visible a través de una rendija alta, proyectaba una luz dorada sobre sus rostros, como si también ella observara con expectación lo que estaba por suceder.
Hiran permanecía de pie, con los brazos cruzados, respirando con la cal