Isabella perdió el control de sus impulsos, su respiración entrecortada se mezclaba con el latido frenético de su corazón. La tensión acumulada explotó en un instante y, sin medir consecuencias, se lanzó contra él con la fuerza de su deseo contenido.
Se acomodó a horcajadas sobre su cuerpo, como si hubiese esperado toda una vida por ese instante, y lo miró fijamente, con los ojos brillantes, dominados por el instinto salvaje de su loba.
Kaen la observó con intensidad, como si luchara contra sí m