—¿Tortura? —Luca rió suavemente, su voz grave y pesada—. Esto no es tortura. Esto es solo el comienzo.
Soltó los dos clamps de mis pezones. Suspiré aliviada. Pero mi alivio desapareció en cuanto vi lo que tomó a continuación. Un pequeño vibrador de color rosa, pequeño pero de aspecto muy potente.
—¿Sabes lo que es esto? —preguntó mientras hacía girar el vibrador en su mano.
Asentí. No era tonta. Sabía lo que era un juguete sexual, aunque nunca hubiera usado uno antes.
—Ya estás mojada, pero qui