Luca no habló durante todo el viaje de regreso. Stefano lo miró de reojo de vez en cuando, pero optó por guardar silencio. Dentro del coche, que avanzaba con firmeza, los fragmentos de vidrio de la sala de reuniones aún resonaban en los oídos de Luca, mezclados con la sonrisa leve de Alessandro Moretti al final del pasillo. La amenaza era real. Su propia familia ya comenzaba a resquebrajarse, y los viejos enemigos empezaban a oler la sangre.
El coche entró por la verja de la mansión cuando el c