Luca aún abrazaba a Camila cuando se oyeron pasos de la niñera desde el pasillo. La mujer de mediana edad apareció con el rostro tranquilo, cargando a Cia, que ya se había despertado de su siesta.
El tubo de oxígeno portátil estaba bien colocado, y la bebé miraba a su alrededor con sus ojos café aún un poco somnolientos.
—Disculpen la interrupción, señor, señora. Cia ya se despertó. Estuvo un poco inquieta hace un rato.
Camila soltó el abrazo de inmediato y extendió los brazos.
—Déjamela a mí.