—Pero él... —intenté defenderme.
—Él es tu esposo. Sé que lo hace mal, sé que es posesivo, sé que hace cosas que no debería. Pero tú tampoco ayudas a la situación. Lo abrazaste delante de él, saltaste de alegría por mí, limpiaste esta bata sucia con tus lágrimas. Le hiciste sentir que me preferías a mí antes que a él, y ningún hombre soporta eso.
—Yo solo...
—Sé que solo estabas feliz porque recuperé mi trabajo. Pero la forma en que lo demostraste hizo que Luca se sintiera desplazado. Él es tu