Al día siguiente, después de haber descansado toda la noche y de haber confirmado que mi pierna izquierda no estaba demasiado hinchada, Luca llegó a la habitación con una sonrisa que rara vez veía en su rostro.
—Hoy vamos al centro comercial —dijo mientras me ofrecía un par de zapatos más cómodos—. Cia necesita ropa nueva. La que tiene ya le empieza a quedar pequeña, y quiero que tenga muchas opciones que sean suaves para su piel.
Lo miré desde la cama.
—¿Al centro comercial? ¿Con mi pierna así