Llegamos a la casa de mi padre. Mi padre estaba en la puerta, con el cuerpo tembloroso al ver a Luca bajar del coche. Su rostro estaba pálido, sus ojos evitaban la mirada de Luca como un niño pequeño que teme un castigo.
—L-Luca... Camila... —tartamudeó mi padre—. Pasen, pasen.
Luca no respondió. Pasó junto a mi padre sin mirarlo, sin mostrar el más mínimo respeto. Sus guardaespaldas lo siguieron y se dispersaron por distintos rincones de la casa. Oí el sonido de ellos retirando las cámaras de