Mundo ficciónIniciar sesiónEl amanecer de la tercera luna pintó el cielo de un color rojo sangre. No hubo palabras entre ellos. Se vistieron en silencio, cada movimiento era deliberado y lleno de propósito. Elizabet se ató el cuchillo al muslo y se ajustó el collar de garra sobre su pecho. Darius se ciñó el taparrabos de cuero y se colgó el hacha de piedra a la espalda. Eran dos depredadores listos para la caza.
Cuando salieron de la cabaña, el clan entero







