Mundo de ficçãoIniciar sessãoElizabet sostuvo a Darius, sintiendo el temblor de su cuerpo agotado. El dolor de su pierna rota era una ola nauseabunda que emanaba de él. Lo acunó, protegiéndolo con su propio cuerpo del peso de cientos de miradas. El silencio del clan era ahora de puro asombro. Nadie se movió para ayudar a Silas, que seguía retorciéndose en el suelo. Había perdido. Y en este mundo, la derrota no inspiraba compasión.
Gideon se acercó, sus







