El frío metal de la pistola se sentía extraño contra la palma de Valeria. Pesaba más de lo que había imaginado, como si cada gramo representara la responsabilidad que conllevaba sostenerla. Respiró hondo mientras Viktor, el jefe de seguridad de Aleksandr, se colocaba detrás de ella para corregir su postura.
—Codos ligeramente flexionados, señorita Montes —indicó Viktor con su marcado acento ruso—. Respire antes de disparar, no durante. Recuerde: Inhalar, disparar y exhalar. Las veces que sean ne